SARA NOS HABLA DE SUS SENTIMIENTOS Y PENSAMIENTOS
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SARA MARIA ALDRETE VILLARREAL
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SARA MARIA ALDRETE VILLARREAL....
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SARA ALDRETE UN COMPENDIO DE SUS OBRAS PICTORICAS 5
SARA ALDRETE EN TODA MUJER.COM

MAYO 2006
Laura Baptista
( periodista )
" Una bruja de los tiempos modernos "
Imagen
Sara María Aldrete era una chica particularmente hermosa, con su 1.87 de estatura,
rubio cabello y cuerpo torneado.
Se hizo famosa al lado de un joven guapo, audaz y tremendamente manipulador: Adolfo de Jesús Constanzo.

Si no la recuerdan por la escueta descripción,
tal vez algo les dirán los sobrenombres con que la prensa amarillista la bautizó:
la narcosatánica, la concubina del diablo... ¿Aún no? Bueno, revisemos su historia.

Nacida en Matamoros en 1964,
Sara tuvo una infancia normal.
Su padre fue empleado de la Comisión Federal de Electricidad y su madre cuidó del hogar y de las tres hijas del matrimonio.

Desde niña decía haber experimentado ciertas "manifestaciones de lo sobrenatural", entre ellas sueños premonitorios.
Para completar su precoz afición, en ese tiempo conoció a Elenita la Negra, una bruja curandera que vivía junto a su casa:
"Era una negra inmensa y muy gorda, siempre traía un pañuelo rojo en la cabeza y muchos collares que me encantaba tocar.
A escondidas de mis padres me enseñó magia y a platicar con la baraja española".

Estudiante aplicada, la hoy reclusa cursó la carrera de maestra en educación física en la Universidad de Brownsville, Texas.
Allí laboró como secretaria e instructora en los clubes de educación física y danza.
Pero no bien cumplió los 18 años, la chica se casó con un joven estadunidense.
El matrimonio apenas duró unos meses:

"Regresé a casa de mis padres, continué mis estudios y a los 22 años conocí a Adolfo de Jesús Constanzo".

A finales de julio de 1987, la esplendorosa Sara conducía su automóvil por las calles de Matamoros;
iba conversando con su hermana cuando un Grand Marquis negro con dorado se le emparejó.
Al volante iba Adolfo de Jesús; el copiloto era su secretario privado y pareja sexual. Todo fue ver a la rubia y cerrarle el paso...
Tiempo después, Sara lo explicó a la prensa
"como si nuestro encuentro estuviera cronometrado.
Él nos empezó a seguir haciendo señas para que nos detuviéramos.
Traía placas de Jalisco y eso me dio temor: era un forastero.
Al alcanzarnos atravesó su coche frente al nuestro y yo troné los dedos para que se moviera.
No hizo caso y cuando lo tuve ante mí, me impactó: era sumamente atractivo, como de unos 24 años, de casi 1.90 de estatura, cuerpo atlético, ojos verdosos, cabello castaño claro, facciones muy finas para ser tan recio;
tenía sonrisa cautivadora, mirada hipnótica y, sobre todo, una aura enorme que me sedujo."

Adolfo ostentaba una serie de collares multicolores:
"Supe que eran los que usaban los santeros en la religión yoruba y lucumí, porque en ese momento, de vacaciones en la universidad,
yo tomaba un taller de antropología y realizaba una investigación sobre santería".

"Soy brujo", le respondió Adolfo con sarcasmo y acento cubano-estadunidense cuando Sara preguntó el porqué de los collares:
"Entonces le comenté sobre mi investigación y él ofreció ayudarme.
Con él estaba Martín Quintana, su asistente personal (después supe que era su mayordomo número uno dentro de la santería y una de sus parejas sexuales). Así nació nuestra amistad".

Adolfo residía en la ciudad de México, pero iba a Matamoros con regularidad:
Pretendía una relación más íntima conmigo. No obstante hubo algo que me impidió ir más allá. Además era bisexual.
Cuando me negué se molestó mucho y dejó de llamarme por un tiempo",
explica Sara.

¿Todo fue una casualidad?

Pasado el tiempo volvieron a frecuentarse, siempre con Martín presente.
Sara asegura que jamás llegó a tener contacto sexual con Adolfo; más aún, su amistad atesoraba una gran dosis de adrenalina e idealización juvenil.

El despeñadero de la joven comenzó a cincelarse cuando pidió al cubano ayuda para un amigo suyo en desgracia:
Elio Hernández Rivera (coacusado de Sara y en la actualidad preso en Almoloya de Juárez),
un agricultor a quien "le habían matado" un hermano por supuesto narcotráfico.

Adolfo se encargaba de promocionarse con ella como un excelente santero,
amén de la ostentación de sus contactos con hombres poderosos tanto en México como en Estados Unidos.
Su relación con la santería había sido muy precoz;
su madre Aurorita (santera famosa en Miami) lo había enviado a Haití siendo niño.

Por ello efectuaba los ritos en patois, un dialecto haitiano",
cuenta Sara, Para ella, su primer encuentro con la santería fue en la iniciación de su amigo Elio Hernández, en marzo de 1988.

Este acontecimiento, que comenzaba a bordar los posteriores sucesos, ocurrió en la casa que Adolfo poseía en el fraccionamiento Las Alamedas, estado de México.
Ahí le mostró a Sara sus riquezas:
"obras de arte italianas y egipcias,
al igual que una gran caja de seguridad repleta de billetes atados con ligas, varios cuadros al óleo y lingotes de oro que parecían tener un sello de banco".

La mujer recuerda: " Al lado de un cuarto tapizado con espejos se hallaba el de iniciación, alumbrado por veladoras.
En una esquina se veía un jarrón con rosas rojas, así como cacerolas, cadenas y muchos calderos llenos de collares y otros objetos.

El caldero mayor o nganga
(receptáculo del alimento para los santos) fue lo que más me sorprendió".

Adolfo de Jesús "protegió" a Sara para que pudiera atestiguar el rito.
Le desgarró la ropa,
le dio un baño con varias plantas, cantó y oró en patois; " con una pequeña daga me hizo leves cortes por todo el cuerpo para que sangrara un poco;
recogió la sangre en una franela blanca y la ofrendó a los santos.
Yo estaba en trance, excitada, sudaba mucho, con la adrenalina al tope".

Para iniciar a Elio mataron unas gallinas y un chivo.
El cuarto estaba invadido con humo de los habanos que fumaban Adolfo y los dos mayordomos, Martín y Omar.
Elio sangraba profusamente:
con la daga, Adolfo le había hecho unas rayas bastante profundas en pecho, espalda y pantorillas:
" Luego me pidió -continúa Sara- que le pusiera ceniza del puro en las heridas. Empecé a hacerlo,
pero debí salir de la habitación a vomitar".

El camino de la desgracia

Después de tal ceremonia, la joven Sara regresó a su tierra natal y al mes siguiente Adolfo volvió a buscarla con malas noticias, Elio -su "amigo agricultor"-, había sido detenido por haberse pasado un retén e ir armado.
Muy seguro de sí, agregó que haría un acto de santería para que lo dejaran libre.

Por la misma época,
la policía estadunidense buscaba a un joven, Mark Kilroy,
desaparecido en Matamoros durante sus vacaciones universitarias de primavera.
De acuerdo a los compañeros de Mark, éste había abordado un automóvil manejado por un hombre con una cicatriz en la boca (Elio tenía una).

Más tarde, en un tétrico hallazgo de 13 cadáveres aparecería el de Kilroy.
Todas las víctimas habían sido torturadas, algunas quemadas y la mayoría presentaba el tiro de gracia.
En su momento Sara juró que ella jamás estuvo en el rancho de Elio:
"Entre los cadáveres se identificó a ex policías federales y preventivos,
" madrinas " de la policía judicial, narcotraficantes en pequeña escala".

Extrañamente las autoridades quemaron la casa,
para "darle un duro golpe al satanismo", desapareciendo posibles evidencias que acreditarían la culpabilidad de los presuntos responsables,
entre ellos Sara María.

La detención de Elio condujo a Adolfo.
Y es que al ser arrestado el "amigo agricultor", los judiciales intentaron tocar sus collares
"mas él lo impidió, porque su padrino le había dicho que nadie debía tocarlos", comenta Sara.

La policía averiguó que el Padrino mencionado era un cubano asentado en la capital mexicana y que se dedicaba a la santería:

" Como ignoraban el significado exacto de santería -expone la mujer- se les facilitó llamarle " satanería ".
A partir de ahí, a todos nos llamaron satánicos".

El sello

En abril de 1989 Sara voló a la ciudad de México en ruta hacia Acapulco, donde pasaría unas vacaciones.
En el aeropuerto le aguardaban tres guardaespaldas de Adolfo, quienes mediante "una triquiñuela" la condujeron ante él.

Desde ese momento el Padrino (junto con Martín, Álvaro el Duby, y Omar) la mantuvo secuestrada y atada a una cama o a una puerta: " Me cortó el cabello con un cuchillito de sierra, me lo tiñó de negro; me maltrataba psicológica y físicamente. También insistía en que me adoraba con toda su alma y que siempre me iba a proteger".

Según afirma, ella se enteró después que Adolfo estaba acusado de haber matado a 13 personas en Matamoros y que era el líder de una secta satánica; " le pregunté qué pasaba y me dijo que yo nunca lo entendería, que todo venía del gobierno.
Jamás he sabido a ciencia cierta qué ocurrió ".

El clan anduvo de un lado a otro;
por último rentó un departamento en la colonia Cuauhtémoc del Distrito Federal.

Allí Adolfo desató a Sara para que caminara un poco y ella se las ingenió para lanzar por la ventana un recado en donde solicitaba urgente ayuda.

El santero preparaba la huida del grupo a Haití cuando sorpresivamente se desató un tiroteo con la policía: " Participaron casi 120 agentes, helicópteros y francotiradores en la detención -relata Sara.
Ante un roce de bala en el cabello, me tiré al piso y me encontré con los pies de Adolfo, quien me puso una metralleta en la nuca. Pensé que era mi fin, pero retiró el arma y me gritó: " ¡Vete, vete y no dejes que te toquen, porque si lo hacen los mato ".
Mientras yo bajaba las escaleras,
subían agentes vestidos de negro y otros de civil".

Sara fue aprehendida y subida a una ambulancia; de allí a una patrulla y después a una camioneta blanca que la llevó a una delegación policíaca.
Martín y Adolfo aparecieron muertos dentro de un clóset, con múltiples impactos de bala. Omar, Álvaro y otros dos de sus colegas fueron detenidos.

Preferimos omitir los horrores que padeció Sara en la Procuraduría;
por ser "la concubina del diablo" se le negó acceder a un abogado.
En su desesperación, un día Sara amenazó a los judiciales:
" ¡Sí, soy bruja! ¡Y todos ustedes serán tocados por la maldición de Satanás!".
Dice que con ello amedrentó a los " cinco bigotones" que la golpeaban.
" El mito de narcosatánica me ha servido en prisión para que nos traten mejor a mis compañeras y a mí".

Según las declaraciones de Sara a la policía (obtenidas -expresa- bajo intensa tortura física y psicológica),
desde que conoció a Constanzo mantuvo una doble vida, comportándose como una chica normal con sus amigos y familia, y como fría asesina en otra faceta.

La acusan de haber torturado ella misma a algunas víctimas.
Delante de los demás miembros del culto habría ordenado castigos inhumanos.
Además habría confesado otros crímenes brutales.
Más tarde Sara negaría su participación en los desquiciados rituales,
asegurando que el Padrino la retuvo contra su voluntad al haberse descubierto la matanza de Matamoros.

En la actualidad, Sara Aldrete Villarreal purga pena de 50 años por homicidio en una cárcel mexicana.
Su historia inspiró la película Perdita Durango, del español Alex de la Iglesia, estrenada en septiembre de 1997.

Finalmente ella ha aceptado su reclusión.

En la búsqueda por dar sentido a su vida tras once años de encierro,
Sara se unió al taller de literatura impulsado por Josefina Estrada en el Reclusorio Femenil Oriente de la ciudad de México.
Ahí, la mujer más madura y consciente ha aprendido a pulir su escritura y gracias a ese empeño apareció en librerías:

" Me dicen la narcosatánica "
(Editorial Colibrí, 2000).

Recién cumplidos los 35, Aldrete decidió escribir su "verdad de los hechos".

Para estar en condiciones de hacerlo, asistió durante tres años al taller literario desde donde Estrada inculca a sus discípulas
"la obligación moral de todo escritor, incluso incipiente, de retratar a su sociedad".

Durante la presentación del libro
-llevada a cabo dentro del penal-
Sara expresó:
"He contado mi historia a quien quiera escucharla; he dicho mi verdad cuantas veces tuve un micrófono, y también cuando fui aprisionada por unas manos ahogantes, torturadoras; pero siempre pesó más la versión que propagó la nota roja.

Esa historia sanguinaria que cercenó mi libertad física y creó el lado oscuro de Sara Aldrete,
conocida mundialmente como la narcosatánica, la sacerdotisa,
la madrina, la amante del diablo, la comeniños, la bruja diabólica...

"Señores y señoras -dijo entonces-, hoy como ayer no pido perdón, clamo justicia para mí y para todas las mujeres inocentes que aquí vivimos.
Hoy hago uso del poder de la escritura, el mismo poder y la misma fuerza con la cual se difundió el escándalo.
A los 11 años y una semana de haber entrado a este lugar, hoy es un día diferente.

He conseguido ir más allá de las paredes altas, tristes y custodiadas por enormes torres con faros que parecieran castigar con sólo mirar su enceguecedora luz.

Hoy puedo volar como los aviones que cruzan el pedazo de cielo de las canchas de volibol.
Hoy he llegado al cielo como los espíritus avanzados.
Los jueces pudieron encerrar mi cuerpo pero mi palabra es libre,
tan libre como el libro que hoy les presento."

"En el siglo XX, Sara personifica el mito de la bruja"

Josefina Estrada comenta que fue ella quien impulsó a Sara a escribir sus memorias.

"En un principio las reclusas se dicen demasiado ahogadas por la cárcel como para ponerse a escribir sobre ellas.
Pero al final de cuentas acaban entendiendo mi idea: al hacerlo,
ellas pueden empezar a ver el encierro de otra manera, incluso riéndose de éste".

Para la tallerista, "todos los mitos de brujería que la Inquisición se encargó de atacar -pero también de propagar y acrecentar- se hicieron vigentes o se personificaron de nueva cuenta en Sara Aldrete.
Viene a ser la bruja del siglo XX en México y, al parecer,
también en el mundo entero.
Todo mundo habló de ella y escribió sobre ella.
Cuando ella dijo:
" soy inocente " no le creímos, porque fue más fuerte el mito de la bruja, y a una bruja no se le cree:
se le teme y se le mata".

Sara espera una reducción de pena por buena conducta y otras atenuantes.
De ser así,
abandonaría la prisión en el año 2039.
Mientras tanto se mantiene activa y productiva.
En la Navidad del 2002 Aldrete estrenó junto con Teresa Chávez,
la farsa
¿Y dónde está Miguel? ¿Dónde se metió Satanás?,
como parte del Décimo Festival Hispanoamericano de Pastorelas en su categoría Penitenciaria.

Ahí aprovechó la ocasión para repetir que "los periodistas realmente son un cuarto poder:
construyen y destruyen gente.
A mí me destruyeron y ahora estoy tratando de construirme.
Uno de ellos, de hecho, fue a quien se le ocurrió bautizarnos como narcosatánicos".